Sexting: ¿qué debo saber antes de practicarlo?

El sexting es una práctica consistente en el envío de fotografías, vídeos, y demás contenido audiovisual de carácter erótico y/o sexual a través de dispositivos móviles. El término es anglosajón y se forma de las palabras sex y texting.

¿Quién no ha hecho esta pregunta alguna vez?

El abordaje de esta realidad ha sido en su mayoría de ocasiones de un carácter preventivo debido a la mala ejecución de esta práctica. Y no es para menos, ya que a muy temprana edad disponemos de móviles y demás tecnologías, que, sumado con la pornografía, una etapa de desarrollo llena de inseguridades, y un machismo resistente, puede dar lugar a situaciones de cyberbullying, acoso escolar, e incluso suicidios.

Pero, y sin intención de invisibilizar o reducir la importancia de este lado oscuro del sexting, ¿y qué hay de esta práctica cuando hablamos de enriquecer nuestra sexualidad?

Como toda realidad, se debe contextualizar. Sabemos que, con este pseudolibertinaje sexual, hay más vía libre para disfrutar de nuestros cuerpos y usarlos como una forma de comunicación, recurso sexual, y variable de placer. Por ello, la frecuencia de enviar y recibir contenido sexual propio ha aumentado, y con ella, las oportunidades de pasar un mal rato o mayor o menor medida.

¿Cómo hago un buen uso de esta práctica?

  1. Naturaliza el cuerpo, la sexualidad, y ponte las gafas violeta

Mírate bien, obsérvate. ¿Aceptas y respetas el cuerpo en el que habitas? Suena muy romántico, lo sé, pero por favor, piénsalo bien. Las inseguridades y el sexting son mala combinación. Tu cuerpo es válido y no hay nada más sexy que una buena actitud y una buena autoestima. Así, y ojalá nunca suceda, si alguien usa tus fotos para chantajear o hace mofa de ellas, no es que no te vaya a afectar, pero sí nos asegura que podamos defendernos desde el “sí, soy yo, ¿cuál es tu problema? Porque mío no es”

También te sugiero que revises tus creencias y actitudes frente al sexo, e independientemente de si eres mujer, hombre, cis, trans, y de cualquier orientación sexual, ten perspectiva de género. Te ayudará a comprender la realidad del sexting de otra manera y tanto si eres quien recibe el contenido o quien lo envía, entre otras circunstancias, tendrás más control de la situación. ¡Y espero que lo uses para hacer el bien!

2. Si es consensuado, vía libre. Si no, ¡nada!

¿Entiendes ahora lo de la perspectiva de género? ¿Cuántas habéis recibido, e incluso cuántos habréis recibido, contenido erótico de chicos sin haberlo pedido? O incluso, ¿cuántos chicos han podido enseñar vuestras fotos íntimas que estabais compartiendo?

Sea la persona que sea, conociéndola más o menos (que ahora abordaremos esto), debe haber consenso y comunicación siempre

3. ¿A qué público te diriges?

Este punto es clave. Sabemos de sobra que entre parejas consolidadas (o quizás no tanto visto lo que puede pasar con esto del sexting) y que entre compañeros de clase con las hormonas a tope, se da esta práctica. Pero, ¿y si me apetece hacerlo con desconocidos?

Contemplar diferentes escenarios y tantear el terreno nos da la capacidad de llevar a cabo las conductas lo más precisas y libres de riesgo posible. No es lo mismo, aunque todos nos podemos sorprender, enviarte fotos con tu pareja debido a la distancia o incluso desnudarte por la webcam, que meterte en Instagram y enviar una efímera a un desconocido.

Y de esto hablamos en el siguiente punto

4. ¿Qué plataforma estás usando?

Desde una foto efímera por Instagram, pasando por un audio de whatsapp, y llegando a plataformas como chaturbate o cam4. Conocer el medio en el que realizamos sexting es de vital importancia ya que nos permite “jugar en casa” y ver así qué posibilidades, ventajas e inconvenientes, puede tener dicha plataforma.

Actualmente, apps como Grindr, tienen servicio de foto efímera que es incompatible con la captura de pantalla de los móviles. Lo cual es algo muy a tener en cuenta. Instagram por otro lado, nos avisa si ha habido una captura de pantalla. Estas son las pequeñas cosas a tener en cuenta que hacen una gran diferencia con respecto al riesgo de exposiciones que podemos tener.

5. Grado de exposición

Tu cara no tiene por qué estar expuesta. Aunque siento decirte que podemos tener otras partes del cuerpo que pueden destacar y ser muy características en confrontación con las de otra persona.

Tatuajes, piercings, cabello, vello corporal, barba, caderas, o incluso cosas que para muchos se pasan por alto como un lunar o una estría (sé que suena de locos, y bueno, “haberlos, haylos”) pueden delatarte.

Mira bien todos los punto anteriores a este antes de enviar una foto o un vídeo, porque no es ninguna broma. Más vale prevenir que curar.

¡Bien! Con esto concluyo. Insisto: toda práctica debe realizarse desde la responsabilidad, no desde la obligación. Si te crea mucha ambivalencia esta práctica y no terminas de sentirte seguro o segura, no la hagas. Dos no lo hacen si uno no quiere, y da igual cuánto amor haya de por medio. Que también te digo, duda de ese supuesto amor si te presiona con cualquier práctica sexual. No olvidemos que las prácticas no son buenas ni malas, fuera moralismos. Hay buenos y malos usos, y por desgracia los malos hacen mucho ruido, todavía.

Si se naturalizase el sexo, las prácticas, si no hubiese sexismo, abuso de poder, heteronormatividad, y otros constructos sociales que posiciona a personas y realidades a diferentes alturas y valías, no tendríamos noticias de mujeres que se han quitado la vida por hacerse viral un vídeo de una relación sexual, o lo peor, una violación que se normaliza y se refuerza desde el machismo.

Es utópico, pero la utopía te hace caminar.

Disfruta del trayecto

Bibliografía

Agustina, J. R. (2010). ¿Menores infractores o víctimas de pornografía infantil? Respuestas legales e hipótesis criminológicas ante el Sexting. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, núm. 12-11, p. 11:1-11:44

Fajardo Caldera, M. I.; Gordillo Hernández, M.; Regalado Cuenca, A. B. (2016) Sexting: nuevos usos de la tecnología y la sexualidad de los adolescentes. International Journal of Developmental and Educational Psychology, vol. 1, núm. 1, 2013, pp. 521-533

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