parejas

¿Por qué mis relaciones sentimentales me salen tan mal?

Si hay algún sentimiento que haya inspirado a grades escritores, poetas y cineastas, ese sin duda es el amor. Y sobre todo, cuando no es correspondido.

El amor es omnipresente y universal. Todos conocemos su existencia y lo hemos experimentado de manera individual y subjetiva. Por estos motivos, podemos afirmar que el amor es un sentimiento que moviliza a la población.

Observa, ¿qué ves a tu alrededor?

Empieza por lo sencillo, en tu entorno más cercano. Tu familia, amigos, compañeros de clase, de trabajo. ¿Hay parejas? Seguramente sí. Y ahora te vuelvo a preguntar. ¿Se ven felices?

Y digo “se ven” en vez de “son” porque es cuestión de perspectiva. Nosotros recibimos una información más o menos superficial pero quienes realmente saben su realidad como pareja, o al menos deberían, son sus integrantes.

«¡Qué gracia me haces mi amor! ¡Cuéntame otra vez cómo nos enamoramos jugando al golf en la mansión de tus padres!»

Hablemos ahora del desamor. El desamor como tal se podría definir como ese amor no correspondido o esa toma de consciencia de que ese amor tal y como nos lo venden, no está resultando ser tan magnífico y maravilloso. Todo un fiasco.

Bien, estos dos sentimientos tienen la capacidad de impulsar a las personas a realizar una serie de determinadas acciones y conductas. ¿Y quién sabe todo esto?

El capitalismo

El mundo se organiza y se apoya en toda esta vorágine de amores y desamores. Nos dicen cómo experimentarlos, vivirlos y sentirlos, con el objetivo de sacar un beneficio económico. Este sistema no es inocente y sabe dónde tiene que intervenir. Impone un sistema, encubierto de bondad, de querer ayudarte a conseguir esa pareja que debes tener para ser feliz, donde cada parte juega un papel importante y complementario para que todo marche sobre ruedas.

¿Y qué tiene que ver todo esto con que mis relaciones no hayan salido bien?

Porque lo que te venden desde fuera no es real. A veces lo maquillan, a veces no dicen toda la verdad, y muchas otras tantas, mienten descaradamente. Y aun así, pobre de nosotros, nos lo creemos todos. Fijaros en lo perverso que es toda esta manipulación que hasta te hacen sentir culpable de no tener lo que te dicen que debes tener. Así que vamos por partes.

¿Cómo opera todo esto?

Desde bien pequeños ya se esperan cosas de nosotros si somos niños o niñas. Y podremos ser pequeñitos, pero no tontos. Observamos y comenzamos a interpretar el mundo que nos rodea. Y esto, como en los videojuegos, va aumentando de nivel.

Con 5 añitos ves tu primera película de Disney. Con7 añitos empiezan a preguntarte si hay alguna chica de tu clase que te guste. Con 10 te dicen que si un chico te pega es porque le gustas. A los 15 compras una revista juvenil que viene con un tutorial de cómo conquistar a un chico. A los 18 ves El Diario de Noa y 50 Sombras de Grey con tus amigos,  a los 22 ya deberías haber tenido pareja, y a los 30 estar casado, con hijos, y una rutina de ir a comer con tus suegros todos los domingos.

Esto es un ejemplo que toca muchas de las variables que condicionan las vivencias de las relaciones sentimentales. Estas variables son:

1-El género

Qué pesado con el género eh. Pues mira sí. Y con razón. El género te dice que si eres chico, haces esto, y se espera exactamente eso de ti. Si eres chica, tres cuartos de lo mismo. Es más, el género nos da licencias y nos quita otras tantas, como la expresión emocional, los cuidados, la responsabilidad, el cuidado del hogar, o la búsqueda de empleo. Observad y sacar conclusiones, porque estos roles de género no son exclusivos de las relaciones heterosexuales.

No sé yo hasta qye punto, amigo…

2- Películas, publicidad, música, y demás contextos sociales

Aquí hay mucha tela que cortar. Cuando somos niños no tenemos criterio, o al menos a este nivel. ¿Os imagináis a un niño pequeño diciendo “stop expectativas Disney, ¡no quiero rescatar a nadie, ni lo necesita!”? Yo tampoco. El caso es que absorbemos esta información de las películas como esponjas. La música, los diálogos, los colores, y el contexto de la trama, también ayudan a interiorizar todas estas dinámicas de relaciones sentimentales. De hecho, las películas son un gran medio donde se reproducen los roles de género que antes hemos mencionado.

La música nos cuenta aventuras de amor, locuras cometidas por ese sentimiento tan bonito (y tan confundido con el enamoramiento), y cómo duele cuando no somos correspondidos. En los teatros se representan este tipo de situaciones, que muchas de ellas son bastante chungas, y lo peor de todo es que se romantizan. Esto es muy peligroso.

Por otro lado, la publicidad juega con todo esto, ¡son muy listos! Han creado un mercado del amor y te han hecho creer que un objeto, un viaje, una prenda o cualquier otro tipo de accesorio, son muestras de amor, y no tener nada de lo anterior, es sinónimo de que algo no marcha.

3-Visión tradicional de las parejas

Poco que decir. El patrón es “ten parejas desde joven, experimenta, ve perfeccionando, y atina con esa persona adecuada e indicada para tener hijos y casaros, que se os pasa el arroz”. Como tengas otro modelo sentimental, no sigas los tiempos establecidos y demás normas sociales, prepárate para las miradas indiscretas.

4- Retroalimentación

No estamos solos en este mundo. Un gran porcentaje quiere adaptarse a estos patrones y clichés románticos. Y nuestras personas cercanas no se libran. ¿Qué pasa? Que presionan de manera indirecta. Seguro que has vivido algún momento al estilo “pues nosotros no solemos hacer eso” seguido de una mirada de perplejidad y un “ah bueno, no sé, yo sólo decía”. No amigo, no “sólo decías”, ¡acabas de juzgar a tu amigo en tiempo record!

Si bien ese familiar, amiga o compañero de trabajo te ha juzgado, no hagas tú lo mismo con él o con ella. Recuerda que también vive en este contexto de matrimonios, la caja roja de nestle en forma de corazón, y la escapada romántica. Ahora, valora si mereces ese tipo de prejuicios.

¿Qué resultado da toda esta información?

Pues una presión social bastante heavy. Esta presión da falsas expectativas. Nos creemos que el mundo funciona así y no hay necesidad de comunicarnos, vivimos bajo el eterno “debería ser así” aunque estamos viendo que no, incluso nos negamos a aceptarlo. La ansiedad aparece, los celos se entienden como un síntoma de amor,

Esto se traduce en reproches, en frustración, en hostilidad y por desgracia en violencia. Y no son casos aislados. Mientras una busca a su príncipe azul, el otro busca a su mamadora profesional Made in Pornhub.

La violencia tiene género, tiene cultura, tiene status social, y tiene nivel educativo.
Que no te engañen

Esto hay que ponerlo sobre la mesa. No tenemos la culpa. Somos víctimas de un sistema muy bien organizado. Lo bueno de todo esto es que, cuando vamos creciendo, desarrollamos criterio y capacidad de análisis (o al menos la posibilidad está ahí, porque hay contextos muy difíciles que imposibilitan el desarrollo de criterio propio), podemos dudar y poner a prueba esas realidades que llevamos toda la vida observando.

¿Qué puedo hacer?

Expresa lo que sientes desde tu postura, no recrimines, a veces no hay culpables (y eso cuesta más digerirlo, creeme). Comunícate, desde una postura asertiva, pacífica, y sobre todo humana. Que no se te olvide que una pareja es cosa de dos, dos personas con sus vivencias, experiencias, creencias y demás piezas que conforman el complejo puzle de ser persona.

Porque al final, las personas somos cositas sintientes, y eso nunca se nos debe olvidar.

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